sábado, 14 de noviembre de 2009

La historia de Doña Muñones

Hoy es el Día Mundial de la Diabetes. Les tengo una historia. Espero les guste:

Cuando estuve en el internado, tuve que rotar dos meses por Medicina Interna y Nefrología. Durante mi rotación, hubo una paciente a la que ingresaron que me causó mucha tristeza: era una señora de 78 años, la cual era diabética de larga evolución, mal controlada, tenía nefropatía diabética, retinopatía diabética, un síndrome metabólico marca diablo y estaba amputada de sus dos piernas. Todo por culpa de la Diabetes. Por si fuera poco, tenía úlceras por decúbito (es decir, úlceras en la espalda, porque pasaba el mayor tiempo del día acostada bocarriba).

Desde que ingresó a piso, la paciente estaba estuporosa con apariencia séptica. No hablaba, y aparentemente no escuchaba, incluso llegamos a pensar que no sentía, ya que no respondía a estímulos dolorosos. Entre los médicos de base, residentes e internos, se comentaba el caso de ésta pacientita y se oía como secreto a voces: "La paciente del 325 no la va a librar. No va a durar ni 3 días aquí."

Para nuestra sorpresa, al paso de los días, después de recibir alimentación parenteral, gran cantidad de antibióticos, soluciones electrolíticas, insulina con horario y muchos, muchos cuidados, la paciente seguía en piso. ¿Tres días? ¡Ja! ¡Ya había pasado 1 semana entera, y la paciente seguía viva! Claro, no se veía clara mejoría (pues ella continuaba estuporosa) pero parecía que se aferraba a la vida.

Pasó 1 semana, 2 semanas, 3 semanas, 4 semanas.... ¡1 mes! No lo podíamos creer. ¡¿Cómo es que seguía con vida?! Muchos pacientes que entraron "menos peores" ya habían perecido en el camino, pero ella no. Les puedo confesar que entre los internos, le agarramos cariño. Nos acostumbramos a verla a ella durmiendo en la cama 325. Todos los días le hacíamos curación. Le pusimos un apodo: "Doña Muñones". Quizá suene despectivo para muchos, pero realmente lo decíamos de cariño. Siempre que llegábamos en la mañana a la guardia, preguntábamos a la posguardia: "¿Y Doña Muñones???" porque aunque ella parecía estable, sus laboratorios no mentían, y continuaba con un gran descontrol metabólico.

Lo que nos llamó mucho la atención y nos causó mucha tristeza desde el principio, es que la paciente ya llevaba más de un mes de estancia hospitalaria, y nunca, nunca, nunca, desde su ingreso vino algún familiar a visitarla. Pareciera que se hubieran querido deshacer de ella abandonándola en el hospital. De manera que, su única familia éramos nosostros los Médicos Internos y las enfermeras que tenían cuidados con ella. ¿Qué triste no?

Después de aproximadamente, 45 días de estancia hospitalaria un día revisando sus laboratorios, nos dimos cuenta que Doña Muñones se había completamente estabilizado en todos los aspectos. ¡Ya la podíamos dar de alta! ¡No lo podíamos creer! ¡Doña Muñones la libró! Todos estábamos felices, porque dentro de lo que cabe, aunque la señora y estaba amputada y estuporosa, pudimos comprobar que había librado una batalla muy dura contra la diabetes. La Jefa de Medicina Interna lo primero que hizo fue tratar de localizar a sus familiares, porque como dije en un principio, ellos nunca la fueron a visitar.

Localizar a su hijo fue muy difícil pero se logró. A él se le avisó que acudiera al hospital, y él vino en la tarde. Cuando llegó, lo dirigimos a la cama de la paciente, para demostrarle que ella se había estabilizado y que era posible que se la llevara a casa. En ese momento, el hijo de Doña Muñones, en medio de un lenguaje soez, gritó "¡¡¿ESTÁ VIVA?!!! ¡YO VINE PORQUE PENSÉ QUE ESTABA MUERTA! ¡¡¿LLEVÁRMELA A MI CASA??!!, ¡¡NO, GRACIAS!! ES UN ESTORBO PARA MÍ, POR MÍ QUE SE MUERA!".

El señor se retiró furioso. No se llevó a la paciente. Doña Muñones había luchado contra la diabetes y la muerte durante 1 mes en el piso de Nefrología, para que su hijo la rechazara el día que la dieron de alta. Cuándo nos enteramos de lo acontecido, nos dio mucho coraje a todos los internos. No podíamos creer lo que había pasado. Ahora sólo había que esperar para que el DIF se hiciera cargo de la paciente de la cama 325.

Yo fui la interna que había hecho la hoja de alta de la paciente. Me tardé 2 horas haciéndola. Había tanto que escribir sobre su caso. Tantos paquetes transfundidos, tantos cambios en el tratamiento, tantos ajustes en la insulina, tantos días que comentar, que no bastaba 1 cuartilla para describir lo que se hizo por ella en más de 1 mes. Lo triste del caso, es que la hoja de alta se anexó al expediente, y en vez de que la firmaran los familiares, la tendría que firmar alguien del DIF.

El día que dieron de alta a Doña Muñones y no se fue, a mí me tocó guardia. Cuando llegó el médico de la noche, fuimos a pasar visita a 6to piso primero y luego bajamos al comedor a cenar. Cuando subimos, la enfermera nos llamó a 6to piso. Yo contesté. Lo que oí me estremeció: "¿Doctora? La paciente 325 acaba de fallecer. Necesitamos que baje un interno para que le haga el acta de defunción."

"¿Quéeeee!?" No lo podía creer. "¡Pero si ya estaba bien!" me decía a mí misma. Cuando le dí la noticia a mis compañeros, ellos creyeron que estaba bromeando. Bajamos corriendo a 3er piso a verla. Ya no había nada que hacer. Estaba fría ella, y nosotros helados. Se hizo un silencio, y debo admitir que mis ojos se humedecieron al igual que los de mis compañeros.

¿Habrá sido que Doña Muñones, aunque no hablaba, y aparentemente estaba senil todo el tiempo... alcanzó a percibir el desprecio de su hijo, que no la quiso llevar a su casa el día en que la dieron de alta? ¿Habrá sido que aquello que la mantenía con vida, y que le dio fuerzas para luchar por un mes en el piso de Nefrología era la esperanza de volver a casa, y que al romperse esa esperanza, se dejó morir? ¿Cómo explicas que una mujer senil, estuporosa, con larga historia de Diabetes, amputada y con úlceras de decúbito logró la estabilizarse metabólicamente, pero el día que lo logra, es el mismo día que muere? También me pregunto si el hijo se habrá arrepentido de haber rechazado a su madre cuando estaba viva. Me pregunto si se arrepintió de haber dicho que era un estorbo para él. ¿Cómo habrá reaccionado cuando le dijeron que efectivamente se murió como él había dicho

Esas son preguntas, que nunca voy a poder responder, sólo Dios sabe. Nosotros como médicos, jamás hubieramos creído que iba a fallecer el mismo día que la dábamos de alta... pero al parecer la herida en el alma, provocada por su hijo al rechazarla, fue catastrófica. Así, en un mismo día, redacté la hoja de alta y el acta de defunción, y anexé una encima de la otra, y me despedí de Doña Muñones, la paciente del 325 que estuvo más de 1 mes internada. Me da mucha tristeza acordarme de esta mujer y de toda esta historia, pero me consuela la idea de que al menos el mes que estuvo internada, todos nosotros (los internos, residentes y enfermeras) la tratamos con mucho cariño, platicábamos con ella (aunque ella no respondiera...), le hacíamos curaciones, la aseabamos, y la tratamos con más amor del que pudo haberle dado su propio hijo.

Quizá tengamos abuelos, tíos, padres o amigos con diabetes. La Diabetes tipo II es una enfermedad crónico degenerativa, que por lo general acompaña a las personas durante los últimos días de su vida, y es la responsable de la mayoría de las complicaciones que provocan la muerte de los pacientes. Los cuidados médicos pueden ayudarnos a sobrevellevar la enfermedad, a estabilizarnos y a frenar el daño provocado por la diabetes; pero es imprescindible que el amor, el cariño y el cuidado de nuestros seres queridos esté siempre presente para poder vencer a la Diabetes y la muerte. Nunca dejen a un ser querido SOLO en la lucha contra la diabetes. Apóyenlo, anímenlo y ayúdenlo a salir adelante, y dénle todo su amor hasta el último día de su vida, porque si no... después puede ser muy tarde para hacerlo.

2 comentarios? ¡Coméntale!:

  1. muy buena historia sobre todo para los que tenemos papas diabeticos y a veces se nos acaba la paciencia con ellos.
    saludillos melissssa

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  2. No pude evitar sentir feito en mi korazon, tengo muchisimos familiares con esta enfermedad pero gracias a Dios lo han podido controlar. . .


    Saludos! Cintia

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