martes, 1 de diciembre de 2009

Una historia de SIDA y la discriminación.

Hoy es el Día Mundial del Sida, y les quiero compartir una historia de la vida real, que le sucedió a una amiga mía:
Como muchos saben, soy médico, y como todos los médicos, tuve que hacer el internado y rotar por los diversos servicios del hospital. A una de mis compañeras le tocó rotar por Medicina Interna en su primer servicio. Médicina Interna, es un servicio muy difícil en que si no eres un médico experimentado, la puedes regar bien y bonito, así que ya se pueden imaginar cuántas iatrogenias no se cometen en el nombre del "aprendizaje": sondas mal puestas, venoclisis que entran hasta el 3er pinchazo, paracentesis con mala técnica, en fin,... muchos procedimientos los aprendes en base de falla y error.
Así a mi compañera que rotaba por Medicina Interna, le pidieron en su primera semana hacer una gasometría arterial a un paciente aparentemente desahuciado. Mi compañera obedeció órdenes, y fue a la cama del paciente, sacó su jeringa, limpio el área, y dio el primer pinchazo. Para su suerte, logró sacar sangre a la primera... pero el paciente se movió al sentir el pinchazo y ella accidentalmente se pincho con la aguja con la que previamente había extraído sangre. No suficiente con la mala suerte de haberse pinchado, también con el "testereo", el émbolo de la jeringa se accionó ¡y accidentalmente se inoculó un poco de sangre del paciente!
Ella dio aviso a nuestros médicos de base sobre el acontecimiento ocurrido, pero en vez de que inmediatamente prestaran atención al hecho ocurrido por la posibilidad de que hubiera contraído alguna enfermedad como el SIDA o la Hepatitis C, mi compañera fue ignorada de primera instancia.
No fue sino días después que llegaron unos análisis de aquel paciente y cual es la sorpresa, que el paciente era VIH POSITIVO... en otras palabras él tenía SIDA. Imagínense la sensación de mi compañera cuando supo que el paciente al cual le extrajo sangre, y con el cual se pinchó y se inoculó sangre accidentalmente, tenía SIDA. Inmediatamente ella se fue a hacer análisis, y fue con el infectólogo el cual le empezó a dar retrovirales "por si las dudas" y viendo la situación, los médicos de base decidieron cambiarla de servicio, y la mandaron conmigo a mi rotación, ya que yo iba a rotar por Medicina Familiar, que era un servicio menos riesgoso.
Cuando llegó a mi equipo, ella estaba muy angustiada, pasaba días sin dormir, sólo pensando en la posibilidad de que hubiera contraído la infección por VIH en aquel fatídico día en que se pinchó. Además, como estaba tomando retrovirales y éstos son medicamentos muy fuertes, dejó de comer sólidos y se la pasaba vomitando, e inapetente. Vivía con la idea constante de que podía haberse infectado y nosotros sus compañeros de rotación, lo más que podíamos hacer era animarla, tratábamos de ser positivos, hacerle la vida más leve, hacerla reír y que tratara de dejar de pensar en eso.
Días después de haber sido cambiada de rotación, llegó el primer resultado de sus análisis para ver si había adquirido el VIH y salieron negativos, por un lado sentíamos un alivio, pero por el otro sabíamos que ella tenía que hacerse un análisis mensual por los siguientes meses para estar seguros de que realmente no se había contagiado.
Pasaron los meses, y ella se adaptó muy bien a nuestro equipo de rotación, se convirtió en una de mis mejores amigas, nos la pasábamos vacilando con ella, riendo, platicando, bueno... realmente tanto a ella como a nosotros sus compañeros de rotación, se nos olvidó que existía la remota posibilidad de que habría adquirido VIH, porque la veíamos tan feliz, tan normal, tan joven. No cabía en mi cabeza, que una chava como ella, tan linda, tan buena onda, tan alegre, con la que convivía a diario, por un descuido hubiera adquirido una enfermedad tan fatal. ¡Era ilógico!
Pasaron 8 meses desde que se pinchó, y todos esos meses ella se estuvo haciendo análisis de control y todos salieron negativos. Rotamos por el servicio de Medicina Familiar, Traumatología, Ginecoobstetricia y Pediatría, y durante esos meses los análisis siempre salieron negativos. Pero en el noveno mes, mi amiga se hizo sus análisis de rutina para detección de VIH, y cuando el infectólogo la fue a buscar personalmente para hablar con ella, supimos que algo no andaba bien esta vez: la prueba había salido VIH POSITIVO. Ella adquirió la infección 9 meses atrás, y era portadora asintomática. Las pruebas anteriores salieron negativas, porque se encontraba en el "periodo de ventana", pero no había duda y ella se unía a los 40 millones de personas que tienen VIH a nivel mundial.
No creo poder explicar aquí lo que sintió mi amiga al enterarse de la noticia, misma que me causó mucha tristeza, porque yo no lo podía creer... ¿Cómo es que alguien como ella, pudiera estar atada a una enfermedad tan letal? Si ustedes la conocieran, jamás pensarían que ella tiene SIDA, ella era una joven alegre, con una sonrisa que contagia nada más de verla, ocurente, sencilla, amable y servicial... pero al enterarse de esto, se convirtió en una joven insegura, deprimida, con pensamientos suicidas, negativa, retraída y frágil. Nosotros sus amigos le brindamos todo nuestro amor, hablábamos con ella, tratábamos de animarla, la abrazábamos, queríamos que sintiera nuestro apoyo incondicional, pero eso no aliviaba el gran dolor y lamento que sentía en su corazón.
Lo peor de todo, es que como era de esperarse, en el hospital la noticia se regó como pólvora, e inmediatamente todo el personal médico, enfermeras, internos, residentes e intendentes se enteraron... y ahí comenzó el verdadero via crucis. No suficiente con que es bastante doloroso enterarse de que tienes SIDA, mi amiga tuvo que pasar por discriminación a todos los niveles.
Me tocó ver como la hacían a un lado las enfermeras, como los residentes la sacaban de un procedimiento, como los médicos de base la hacían menos, como otros internos preferían salirse del cuarto al que ella entraba. ¡Es increíble que aún a estas alturas, se trate a un ser humano así! ¡Ni que el SIDA se contagiara por respirar el mismo aire que otra persona!
Yo tuve que en más de una ocasión abrazarla mientras lloraba conmigo en mi hombro, por la discriminación que ciertas personas le habían hecho. No entiendo porque si las personas saben perfectamente que el VIH no se contagia por saludar de mano, de beso, ni por sentarse a comer con la persona infectada, ni por abrazarla, ni por respirar el mismo aire... tienen que actuar como si fuera lo contrario. ¡Me indigna! ¡Me da tanto coraje!
Muchos cuando piensan en SIDA, se imaginan a un homosexual caquéxico, ojeroso, pálido, pero están muy equivocados. Las personas infectadas por VIH, pueden ser profesionistas o analfabetas, amas de casa o trabajadores, bebés, jóvenes o ancianos, heterosexuales u homosexuales, hombres o mujeres, ricos o pobres, pero TODOS absolutamente TODOS merecen ser tratados con amor y sin discriminación. El SIDA no se contagia si abrazas a una persona, si lo saludas de beso, si te sientas a compartir los alimentos con ella, si dejas que te tome de la mano, o que llore sobre tu hombro. Nada de eso te va a contagiar, así que no hay porque tomar posturas y actitudes que hagan sentir mal a las personas infectadas. En el caso de mi amiga, ella como ya dije, es una joven que tenía un futuro muy prometedor por delante, pero por circunstancias del destino (que nunca entenderé) fue contagiada con el VIH y ahora su vida ha cambiado, pero ni ella, ni nadie merece que la traten como si fuera peste. Tanto era el rechazo de los demás, que en una ocasión mi amiga estaba sentada, en el cuarto de médicos mientras hacía unos papeles, posteriormente se paró y se fue; y cuando llegó una persona al cuarto, en vez de sentarse en el lugar que ella había dejado, prefirió quedarse parado, pues "no se fuera a contagiar". ¡Qué ignorancia!
En conclusión, en este Día Mundial del SIDA, les invito a dos cosas: Primero, no discriminen a las personas infectadas con VIH. Me parece inconcebible que si ya sabemos las formas de contagio del VIH, hagamos cosas tan estúpidas como no querer si quiera ver a los ojos a las personas "por miedo a que me contagie". Es el colmo. ¿A poco si ustedes se contagiaran les gustaría que los trataran así? Así que en segundo lugar, les invito a que se hagan la prueba de VIH: pueden ir a su Centro de Salud más cercano y hacerse la prueba rápida, la cual es gratis; o ir a su laboratorio de confianza y hacerse análisis con la prueba convencional para detección de VIH. Si tienes vida sexual activa o tienes un trabajo de alto riesgo para enfermedades infectocontagiosas, con más razón deberías hacértela.
Me despido esperando que esta historia los haya hecho reflexionar en este Día Mundial del SIDA.
Que tengan buen día... cuídense, quiéranse y protéjanse.

3 comentarios? ¡Coméntale!:

  1. Triste historia y lamentable que aun sus mismos compañeros y colegas discriminen a tu amiga.
    Mi reconocimiento a tu post, es muy interesante.

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  2. Pobre chica, eso de ser discriminada debe ser peor que la misma enfermedad...

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  3. Buen post, seguire tus recomendaciones! Saludos!

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