martes 22 de septiembre de 2009

Recordando ¿Tienes el valor o te vale?

Hace días me estaba acordando de la vez que me encontré un monedero tirado en el centro de Tampico y todo lo que me ocurrió por andar de buena gente entregando las cosas a su dueño. Esa anécdota ameritaba un post, pero como cuando me sucedió yo acababa de borrar mi antiguo blog, lo único que pude hacer fue mandar mi anécdota a la página de Hazme El Chingado Favor, y ahí lo publicaron con el título de ¿Tienes el valor o te vale?. Como tuve una mala experiencia en aquella ocasión, me dije a mi misma "Si me encuentro algo, no se lo voy a dar a nadie", pero ahora que ya pasó el tiempo, reflexiono sobre eso y creo que aún con lo que me pasó, como quiera si encontramos algo, no importa que el dueño sea malagradecido al entregarle el objeto perdido, uno debe hacer lo que es correcto.
Y es que yo cuando me he encontado cosas, siempre ando como mensa buscando al dueño para entregarle sus pertenencias, pero yo he perdido muchos objetos personales en la vida, y creo que nunca me han regresado ninguno de ellos. He perdido mi celular en tantas ocasiones, que no recuerdo ni cuantos celulares he tenido. He perdido lentes. He perdido mi bolsa. Mi cartera. Credenciales. Libros. Ropa (¡no piensen que en el departamento de alguien!). Y recientemente se unió a la lista de los desaparecidos mi ipod, lo cual pues a pesar de que es "algo material" sí me caló.
Sé que tengo un problema: a veces soy my distraída y olvidadiza (por no decir p*nd*j*) y por eso siempre ando extraviando objetos por doquier, pero eso no justifica que la persona que se encuentra un celular, mis libros, mi cartera, etc. no pueda regresármelos. Como me gustaría que algún día me regresaran alguna de las cosas que doy por perdidas... así como yo lo he hecho en otras ocasiones ¿a poco a ustedes no les gustaría recuperar algo que han perdido?
Deberíamos reflexionar sobre eso, y si algún día nos encontramos algo tratar de regresarlo a su dueño, si no localizas al dueño es tuyo y si lo localizas es que nunca lo fue... pero OJO porque si localizas al dueño y lo contactas para entregarle su objeto perdido, cuidado y no te vaya a pasar lo que a mí, y te quieran meter al bote por ser sospechoso "de robo" de objetos perdidos.

¿Del oído nace el amor?

Cuando un hombre anda en busca de una mujer, no siempre es porque anda buscando el amor. Puede haber sus excepciones... pero la mayoría de ellos quieren sólo pasarla bien, tener alguien que les alimente el ego, sexo sin compromisos, poner celosa a una novia, entre muchas otras razones que no tienen nada que ver con el amor. Las mujeres por el contrario, casi siempre andan en busca del amor: buscan el hombre de sus sueños, al padre de sus hijos, al príncipe azul, un novio formal, etc. etc... igual hay sus excepciones, pero la mayoría busca el amor.

La mejor manera en que un hombre puede conseguir una chava para cualquiera de sus propósitos que no tienen que ver con el amor... es primero que nada: endulzándole el oído. Sí. ¡Las palabras! ¿Por qué? Simplemente porque el órgano sexual más poderoso es el CEREBRO. Decirle todos los halagos que ella quiere oír, decirle lo linda que es, lo que haría por ella si estuviera con él, lo mucho que la desea, todo eso puede conseguir que una mujer caiga redondita ante los pies de un pretendiente que sabe decir justo lo que ella quiere oír. Lo peor de todo es que nosotras llegamos a creer cada una de las cosas que nos dicen y eso es un gran, gran, gran error.

¡Las palabras se las lleva el viento! Pero en el momento en que nos las dicen, ni siquiera nos acordamos de eso. Un hombre puede jurar "Yo te bajaría el Sol, la Luna y las estrellas, porque tu eres tan bla bla bla y nunca dejaría que tu bla bla bla"... pero ¡NO! Si este hombre sólo quiere que le correspondas para tener una mujer con quien "pasarla bien" te va a decir todo lo que sea necesario para convencerte de que lo que dice es verdad, porque si lo logra con puras palabras, sabe que puede lograr más cosas... así que aquí lo esencial es no dejarse envolver por las palabras, porque si no, ya te fregaste y entonces empiezas a creer que él está enamorado de tí y tú empiezas a enamorarte de él.

El problema va a ser cuando descubres que no estaba enamorado de tí. Ese es el problema. Cuando descubres que todo este tiempo en que te dijo tantas cosas bonitas que te hacían sentir especial no sólo te las decía a tí, cuando descubres que tiene novia, o que simplemente fuiste una buena herramienta para poner celosa a su ex-novia y lograr que ella regrese con él. Cuando te das cuenta de que él te quería enamorar para alimentar su ego de "Don Juan" o que quería enamorarte porque te volviste una obsesión cuando le empezaste a decir que no saldrías con él.

Yo no sé porque las mujeres muchas veces perdemos el instinto para poder distinguir a los hombres que buscan amor de los que no. Quizá es porque como dije anteriormente, casi siempre nosotras andamos buscando el amor, y pensamos que ellos también.

En fin, a mí me ha costado descubrir toda esta realidad porque "yo en el amor soy una idiota que he sufrido mil derrotas" como diría la canción, pero al fin creo haber aprendido mi lección. Yo le comenté a una persona (después de lo mal que me sentía por haberme enamorado de alguien que supo utilizar todo el verbo del mundo para enamorme sin estar enamorado de mí):

"¡El amor es idiota! Es ciego. Sordo. Mudo. Loco. Menso. Y masoquista."
Esta persona me respondió:
"Masoquista siempre, mensos nosotros no el amor. Sordo y mudo cuando no sabes lo que quieres y no lo expresas. E idiota si es."

Creo que esta persona tiene razón. Por eso, considerando que los mensos somos nosotros y no el amor, espero que este post sirva para que todas las mensas que como yo, nos enamoramos de lo que nos dicen al oído, aprendamos que DEL OÍDO NO DEBE NACER EL AMOR.

viernes 11 de septiembre de 2009

Con ganas de morder


Venía de Monterrey rumbo a Reynosa la semana pasada, yo manejando, tomé la autopista de cuota para ahorrar tiempo, aunque tuviera que gastar más... y vaya que gasté más.

Al pasar por el entronque de la autopista con la carretera que va hacia Cadereyta disminuí mi velocidad, ya que había un semáforo en intermitente y reductores, pero al parecer para el tránsito que estaba justamente parado pasando el semáforo... "reducir" mi velocidad no fue suficiente, y al pasar enfrente de él, me hizo señas de que le bajara MÁS, mientras batía las manos en el aire. Yo lo ví, pero no me detuve, porque para mi fue obvio que yo no venía rápido y seguí mi camino... a los 5 minutos veo por el retrovisor que el tránsito viene en su tsuru siguiéndome por la autopista y haciendo señas de que me orille. Me detuve en la autopista, y se bajó el tipo del Tsuru. Era un tipo flaco, viejo, con bigote enorme, arrugado de su cara, casi calvo, descuidado en su aspecto, y al abrir su boca, me reclama que no me detuve cuando me hizo señas en un tono altivo. Podría jurar que muy apenas terminó la primaria.

Tránsito: ¿De donde viene?
Yo: De Monterrey
Tránsito: ¿De dónde es?
Yo: De Tampico, pero fui a Monterrey a presentar un examen.
Tránsito: ¿A dónde va?
Yo: A Reynosa
Tránsito: Pues tengo que multarla porque usted venía a alta velocidad.
Yo: Disculpe, pero no puedo venir rápido, si acabo de pasar un semáforo y reductores de velocidad.
Tránsito: Sí, pero ahí dónde pasó usted tiene que ir aún más despacio.
Yo: ¡Pero es una autopista!
Tránsito: Ahí donde pasó tenía que ir más despacio y deja de ser autopista... a partir de aquí donde estamos ya es autopista otra vez. (WTF?) Así que la multa es de 700 pesos, y puede ir a pagarla al centro de Cadereyta pero hasta mañana, porque yo no dejo la licencia hasta después de las 7 de la noche.
Yo: ¿No la puede dejar ahorita? Si la deja ahorita pues pago la multa.
Tránsito: No.
Yo: ¡¿¿Quéee?! No puedo ir al centro de Cadereyta mañana, ya voy rumbo a Reynosa, en Monterrey estaba de paso, no conozco Cadereyta, y necesito regresarme a Tampico. Regresarme implicaría más gastos, no podría regresarme para acá, sólo por la licencia.
Tránsito: Ah pues no sé.
Yo: Pues múlteme. Quédese con la licencia. No puedo venir por ella. Me va a salir más barato sacarla de nuevo en Tampico.
Tránsito: Muéstreme su tarjeta de de circulación.
Yo: (Se la muestro)
Tránsito: Mejor me deja la tarjeta de circulación.
Yo: ¡Ah! ¿Así o más ganas de fregar?
Tránsito: Mire, si quiere le hago un descuento. Dejamos la multa en $350, pero usted na más me firma aquí y yo no le doy recibo, pero le entrego su licencia y su tarjeta de circulación.
Yo: ¿Así o con más ganas de morder? No traigo feria.
Tránsito: Yo sí. Aquí tiene. Firme aquí.
Yo: (le hago un garabato horrible en su hoja, con todo el coraje del mundo y casi rompo el recibo de la multa)
Tránsito: ¡Ay no me la raye... la hojita!
Yo: #$%#$#$%"#$%$

Le doy el dinero. Se lo mete a la bolsa. Me bajo del carro. Copio sus placas y número de unidad. Y al ver que lo estoy haciendo... arranca hecho la madre, y hasta se da la vuelta en "U" para perderse más rápido de mi vista mientras se lleva mi dinero, haciendo volar el polvo a todo lo que da.

Cuando se fue... me dio taaanto coraje. Sentí taaanta impotencia. Les aseguro que hasta los ojos se me llenaron de agua porque tenía ganas de llorar del purititito coraje. Me sentía como si alguien hubiera llegado y me hubiera dicho: "¡ARRIBA LAS MANOS ESTO ES UN ASALTO, CÁIGASE CON 350 PESOS!", pero la sensación era peor porque se trataba de una AUTORIDAD. Los tránsitos son autoridades que se supone están ahí para defendernos, cuidar nuestros intereses, ayudar a los ciudadanos y claro, indicar cuando cometemos una infracción franca; pero al contrario, éste tránsito lo único que quería era su mordida, joder a su prójimo, y se aprovechó porque vio que mi carro traía placas de fuera y más aún porque eramos 2 mujeres solas viajando por autopista. La situación perfecta para detenernos aún sin motivo alguno, pero para mordernos y bajarme lana.

Da mucho coraje que esto suceda. Da coraje porque no es el único ni el último tránsito que vive de las mordidas y nadie hace nada para detenerlos. Da coraje que por culpa de imbéciles como éste, los paisanos que vienen de "fuera" se lleven mala impresión de una ciudad. Da coraje porque eso es abusar de su autoridad. Da coraje porque una cosa es que te asalte un ratero muerto de hambre en la calle, pero ¿un ratero con traje y logotipos del gobierno??? ¡Ah, que coraje!

Total, que aprendí 3 lecciones de todo esto, y las voy a compartir con ustedes, para que no les pase lo mismo:
1. Los tránsitos muerden más si traes placas de fuera, así que en caso de que te paren, tu no digas que vienes de fuera, aunque tu Licencia diga lo contrario.
2. Si van a quedarse con tu licencia, no les digas que te sale más barato que se queden con tu licencia... porque si no se quedan con tu tarjeta de circulación también.
3. Si traes un celular con cámara o grabadora de voz, graba toda la mordida y súbela a You tube, mándala a Hechos, o con Carlos Loret de Mola, o súbela a tu blog, para que todos vean la clase de animales que son.

He dicho.

jueves 3 de septiembre de 2009

¡Oh, gran decepción!

Que feo es que te digan "Me has decepcionado". Creo que incluso duele más que te digan eso, a que te ofendan y se metan con tu sacrosanta madre. Duele porque por lo general quien dice que lo has decepcionado, es alguien cercano a tí que te tenía fé, confianza, amor, simpatía o sentía admiración por tí. La decepción es dolorosa. Tanto para el que la observa, como para el que la ocasiona. En mi caso, últimamente me han decepcionado, he decepcionado... y he tenido miedo de decepcionar a los demás.

Me han decepcionado en esta semana, porque para ser concretos, una persona que en múltiples ocasiones me ha fallado, y que me ha prometido poner todo de su parte por tener una buena relación conmigo, me volvió a fallar otra vez. Hirió mis sentimientos, me mintió y me hizo sentir muy mal. Si le pregunto, dice que fue "sin querer", pero empiezo a dudar de eso, y a creer que ésta persona piensa que soy masoquista. Y aclaro, que mis expectativas con respecto a esta persona no eran muy altas, siempre traté de mantener expectativas bajas con respecto a la relación que llevábamos, pero es el colmo que ni aún con lo mínimo pueda cumplir. ¡Qué gran decepción! Realmente me dolió. No le dije "Me decepcionaste... otra vez", pero ganas no me faltaron.


También en esta semana, después de una conversación que se tornó un poco dramática por diversas circunstancias, con una persona que tengo poco de conocer, le pregunté: "¿Entonces estás enojado conmigo?" y su respuesta fue "No, no estoy enojado. Más bien decepcionado. No creí que fueras así". Que fea sensación. Sientes que una parte de tí es reprochable, y quisieras en ese momento despojarte de tí mismo para ver exactamente lo que a la otra persona le decepcionó de tí. Quisieras regresar el tiempo, para que las palabras fueran retiradas. Realmente me caló.


Por último, y por si fuera poco, últimamente confieso que he tenido miedo de decepcionar a los demás. Voy a presentar un examen muy difícil. Me he preparado. He estudiado, y sin embargo, hay dentro de mí esa sensación en la que me visualizo fracasando, y el tan sólo hecho de pensar así, me hace sentir tan mal. Mi papá dice que no me preocupe, que en realidad si las cosas no salen como quiero, no me preocupe, pero dentro de mí, siento que si fallo, voy a decepcionar a muchas personas que saben que me estuve preparando para el examen, pero principalmente me voy a decepcionar a mí misma. Quisiera adelantar el tiempo para terminar con este sentimiento. Mi mente me pide a gritos que no piense así, pero sólo por momentos aislados logro mantener esa idea en mi pensamiento.


Decepción: más que ser un sentimiento del decepcionado, es un sentimiento donde se carga de culpa al decepcionador por la frustación de las esperanzas puestas en él. Sólamente la decepción duele más al decepcionado que al decepcionador, cuando el decepcionador ha tenido toda la voluntad de engañarte, lastimarte, traicionarte con la alevosía de saber que eso te decepcionará.


Quizá la única solución para nunca estar decepcionados, es no soñar, no poner metas, ni sentimientos puestos en algo o alguien, así nadie nos arruinaría, ni desilusionaría, pero si nadie tuviera sueños, metas, sentimientos e ilusiones... no seríamos humanos... ¡Oh, gran decepción!