sábado 24 de julio de 2010

Las 10 cosas que aprendí de la Vagina

Pues anoche fui a ver "Los Monólogos de la Vagina" y aunque me siento contenta de tener una, realmente nunca me había detenido a pensar mucho en ella. Es más. Creo que si alguna vez la ví, ya ni me acuerdo de como era. Les juro que es fabulosa, pero ya ni me acuerdo como es. Así de abandonada la tengo.

En fin, prometo que trataré de ponerle más atención a partir de ahora, y para que ustedes también lo hagan, les comparto lo que aprendí ayer acerca de las vaginas:

1. La vagina tiene muchos nombres: coño, chocho, vulva, chiquistriquis, paparrucha, concha, almeja, raja, pucha, florecita, terminal de tarjeta de crédito, alcancía, panucho, pepa, pipí, papaya, panocha, trinchera, la funda del puñal, la caverna del oso, labiosa, la saca-mocos, la come-bananas, el agujero, la golosa, el mono, el oso, el chango, mamey abierto, la cueva, la araña, "cosita". Puedes ponerle el nombre que quieras, siempre que conozcas una. Excepto si eres ginecólogo. Si lo eres, sólo puedes llamarle vagina. De otra forma te lloverán las demandas. Créanme.

2. Las vaginas odian la depilación. ¿Saben lo que es depilarse con cera? Es dolorisísimo. Terminas toda irritada, enrojecida, llena de erupciones, ardida, y con una picazón que no se te quita en toda una semana. ¿Y con rastrillo? Aunque es menos doloroso, es más sangriento si no tienes un espejo a la mano. Créanme ésta también. Así que si alguien ama a la vagina, tiene que amarla con todo y pelos.

3. Las vaginas odian las tangas. Caminar con un hilo dental metido entre las piernas, es como traer un calzón chino permanente. Así que si quieres hacer feliz a una mujer, en su cumpleaños en vez de regalarle una tanga "pa' que te la modele", regálale unos sexys calzones de abuelita. Ella y su vagina te lo agradecerán.

4. Las vaginas odian los tampones. El imbécil que inventó un "tapón" de algodón para detener la menstruación, merece arder en el infierno. ¿Quién creyó que era buena idea? Mi vagina, na' más de ver uno empieza a gritar: "¡Aaah! ¡Nooo! Aquí no entra esa fregadera!" y se cierra, y no hay fuerza humana que haga que entre el tampón. Los tampones definitivamente no son amigos de la vagina. He dicho.

5. Las vaginas odian ir al ginecólgo. Cuando el doctor nos dice "Relájate y coopera", ocurre lo mismo que con el tampón: la vagina se cierra como una ostra. Pues, ¿cómo creen que una vagina se va a relajar cuando tiene enfrente a un desconocido, con cubrebocas, con guantes de látex, y un espejo vaginal heladísimo que está a punto de introducir? A menos que nos den cuatro tequilazos tomados de hidalgo antes de la consulta, no estamos dispuestas a relajarnos y cooperar. Never ever.

6. Hacerse una "vaginoplastia" para tener una vagina más bella estéticamente, no tiene caso. Cuando roté por ginecología, nunca oí a algún doctor decir: "¡Oh! Señora, que bella vagina tiene usted, ¿es natural u operada?". Nunca. Es más, no recuerdo haber oído a alguien envidiar la vagina de alguien más. Creo que es dinero mal invertido. Mejor opérense las bubbies. Esas se pueden envidiar, ¡y presumir en una fiesta!.

7. A la vagina le gusta la comida mexicana. Bueno, probablemente le guste. Digo, ¿a quién no le gusta la comida mexicana?

8. La vagina es sabia. Ella sabía de antemano que ese chico no te convenía, pero no dijo nada, porque creyó que lo más conveniente era que tú te dieras cuenta por tí misma. Siempre es así.

9. A los hombres les gustan las vaginas. Excepto si son hombres gay. Si es así, no quieren oír de ellas. Nunca. Así que ni los intentes convencer de que "les agarren el gusto". Lo único que vas a conseguir, es que se enojen. Believe me.

10. Nunca escuches al corazón de tu vagina.Tu vagina puede estar locamente enamorada de un pene, pero tu corazón verdadero NO. Así que escucha a tu corazón. Tu VERDADERO corazón. No al corazón de tu vagina. Es más: la vagina no tiene corazón. Es biología básica baby.

11. Ash. Ya sé que dije que serían 10, pero el 11 es importante: Si detectas ardor, olor, o secreción diferente a la normal... O-L-V-Í-D-A-T-E de que tu infección vaginal se va a quitar con "Lomecan V" el tratamiento para "las niñas bien" (tipo Ana Layevska) y acude I-N-M-E-D-I-A-T-A-M-E-N-T-E al médico. Tu salud y la de tu vagina son importantes. S-I-E-M-P-R-E.

viernes 16 de julio de 2010

Las 20 cosas que odio de twitter

Ayer estaba tuiteando muy alegremente a las 2:00 am -Lo que es no tener nada mejor que hacer-, cuando al ver que existía el hashtag #eresdemexicali, se me ocurrió hacer la contraparte de #eresdetampico -¡Suuuperoriginal!-, tipo:

"#eresdetampico si sabes quien es la Quina"

"#eresdetampico si conoces las tortas de la barda y los trolelotes"

"#eresdetampico si alguna vez has ido a una quinceañera en Byblos"

"#eresdetampico si aún no pierdes la esperanza de que la Jaiba Brava pase a primer nivel"

.. y jaladas por el estilo.

De manera que empecé a tuitear lo que se me dio la gana usando el hashtag #eresdetampico, cuando de repente recibo un mention de un tuitero -del cual omitiré su nombre- diciéndome lo siguiente:

"¡Deja de espamear mi timeline!"

What the fuck? ¿¡Ahora resulta que no puedo escribir lo que me de la gana!? Pues si tanto le molesta, ¿por qué no deja de seguirme? En fin. Así son los stalkers. Esa es una de las muchas cosas, que odio de twitter. He aquí el resto:

1. Gente que le pregunta a las celebridades de Twitter, tipo: "@Anahi TE AMO! TE GUSTA EL PASTEL DE CHOCOLATE??? MANDAME UN SALUDO EN TU CONCIERTO!" O sea... lamento romper sus ilusiones pero Anahí nunca les va a contestar. Además, es bulímica. Ella no come pastel de chocolate. Sólo lo vomita.

2. Los que escriben tipo: "kE ondaz! akii noomaz rapiidiin, ezperOo ii t laa pazez wOoniithoo hoi! aiiOoz thEe kuiIdaaz!" Wrong. This is so fucking wrong. Regresen a Metroflog.

3. Todos los usuarios de twitter que hayan nacido antes después de 1993. Tipo, son menores de edad usando twitter. No quiero ir a la cárcel por seducir a un menor de edad. No otra vez. Además, ¿Ya vieron lo que hicieron con el Metroflog? Insisto. Déjennos en paz.

4. Perros que son personas tuiteando. O personas tuiteando que se creen perros. Cualquiera de las dos formas es aberrante. Excepto tú Oscar. Tú me caes bien.

5. Celebridades en twitter. Entre Paulina y Ninel Conde... no hay a cual irle. Dios ten piedad de nosotros y no dejes que más celebridades abran su cuenta en twitter.

6. Los que no tienen twitter, y se creen mejores que yo porque tienen más tiempo libre. Extraño el tiempo libre.

7. Los que creen que twitter es como "los status de Facebook" pero sin Farmville. La próxima vez que oiga que alguien dice eso lo madreo.

8. Los que escriben mal mi nombre de usuario en twitter: @melisssa_, @melissssa, @melisssa, @melissa_ y luego se quejan conmigo de que nunca les contesto sus tuits. ¿No saben leer bien o qué?

9. A esa tipa. Sí. Tú sabes exactamente bien que te hablo a tí. ¡Ex-novia psicópata!

10. Los bots. Aunque pensándonlo bien, extraño a las Britney chupachups.

11. Los que me dicen "Dame follow!", "Follow x Follow", "Síguemeee!", y cuando ya los empiezo a seguir, me doy cuenta que no les puedo mandar un DM porque ellos no me siguen. Irónico.

12. A esa chica de mi timeline que se la pasa escribiendo frases de amor, sarcasmos e ironías sin poner a quien se refiere, pero todo el mundo sabe a quien se refiere, pero nadie se atreve a decirle que por favor se detenga y que nos harta a todos con sus frases, por que nos da penita ajena quemarla. Pobre chica. Ha de tener baja autoestima.

13. Los usuarios que sigo y tienen una foto en su avatar tipo un gato, o un pastel de chocolate, o un pájaro de twitter, y no sé si son hombre, mujer o quimera. ¡Me confunden!

14. La gente que protege sus tuits. ¿Para qué lo hacen? ¿Cuál es la intención? Una vez leí en twitter a alguien que decía que proteger los tuits es como "masturbarse con preservativo". Por favor no lo hagan. Usen kleenex.

15. La gente que protege sus tuits. Ash. Es que en verdad me caen mal. Ni que los fueran a secuestrar o balacear mientras tuitean que toman su Capuccino Caramel Descafeinado Deslactosado desde el Starbucks de Polanco. Bueno, retiro lo dicho. Esto no aplica si van al Starbucks de la Colonia del Valle.

16. Los usuarios que usan el tweetchat, usando el hashtag #tampico para enterarse de las balaceras, y creen que el twitter es como el mIrc, y se la pasan pidiendo un moderador del canal. Losers.

16. Los coleccionistas de followers. Para ellos el contenido no importa, lo importante es acumular followers. Si los followers fuéramos como puntos de Soriana lo entendería, pero de otra forma, no tiene sentido acumularnos.

17. Los chicos de twitter que sólo entran a twitter para ver a quién pueden coger. Esperen. ¿Todos entran a eso? ¿¡En serio!? ¡Ash! He vivido engañada todo este tiempo.

18. Los que me bloquean. ¡Jum! Gente intolerante. Lo que él no sabe, es que lo estoqueo por facebook. ¡Ahí no me bloqueó!

19. Los DM que me llegan por montones invitándome a que me una a Godfather. Ya no frieguen o los bloqueo.

20. La gente que se queja de twitter y lo sigue usando. Ya sé. Entiendo la ironía. Me mordí la lengua.

viernes 9 de julio de 2010

A guardar jarrones.

Con mi primer novio, tuve una ruptura emotiva, súbita, apresurada, colérica, fatídica, que dejó una estela de tristeza en mí, por el dolor de la separación. Me dolió muchísimo. Él me lastimó muchísimo. Sus actitudes y sus comportamientos dejaron mucho que desear al final de nuestra relación.

En su momento, por las circunstancias en las que se dio esta ruptura, recurrí al mecanismo de defensa que la mayoría de la gente recurre cuando se termina una relación: el odio -no me siento orgullosa de decirlo, pero así fue-. Odié todo lo que provenía de él. Tiré sus cartas. Rompí sus fotos. Me deshice de todos sus obsequios. Era una forma de redireccionar mi enojo por la pérdida de la relación, de identificarme con mi dolor, tomar conciencia de mí misma y tratar de seguir con mi vida.

A mí siempre me quedó la sensación de que no supe separarme adecuadamente de él, y que quizá ahora podría haberlo hecho mejor, quedándome un sabor de tristeza por el apartamiento tan dañino que hubo entre los dos.

Ya ha pasado mucho tiempo desde que nos separamos él y yo. Para para mi sorpresa, recientemente él me contactó por e-mail para saber si nos podíamos ver. Sinceramente, ni el sufrimiento por la pérdida de la relación, ni el odio seguían latentes en mí. "¡Vaya! Sí que he superado esta relación, a pesar del sufrimiento que me provocó" , me dije a mí misma. Aún así, no supe que contestarle en el e-mail.

Por un lado, sí quería verlo, porque sentía que era una oportunidad de "reinvindicar" la fatídica ruptura amorosa que hubo entre los dos. Pero por el otro lado, me atemorizaba muchísimo la idea de que me volviera a lastimar, al dejar entrar a mi vida a la persona que tanto amé, con la que tan bien me la pasé, y que al mismo tiempo tanto odié.

¿Qué hacer? Después de pensar mucho, reflexioné basándome en el consejo que me diera uno de mis más recientes amigos, el cual me dijo lo siguiente: "Si lo vas a ver, llégale; pero piensa que es como una fiesta en tu casa. Ya conoces los destructores que pueden ser tus amigos, y a pesar de eso, los invitas porque sabes que la puedes pasar bien; pero antes de que lleguen, guardas los jarrones de la abuela y la vajilla de mamá, todas esas cosas que siempre rompen los pránganos. En este caso, imagina que eres tu casa, y la puedes pasar bien con él, pero también te la puedes pasar del nabo. Ya sabes a que te atienes si sales con él. Así que si lo haces, guarda la parte de tí que siempre se rompe, y deja la parte que puede ser usada para la fiesta."

Que razón tenía mi amigo.

Si alguna vez vuelven a ver a un ex, tomen las medidas necesarias para evitar que los lastime de nuevo. Guarden los jarrones. No los dejen a la vista. Guarden su corazón, sobre toda cosa guardada. Todo aquello que es factible de romperse al volver a ver a su ex. Diviértanse, pásenla bien, platiquen con él o ella, pónganse al corriente, hagan lo que quieran; pero nunca olviden que si ya no están con él o ella, por algo debe de ser.

Y recuerden que no existe un remedio que devuelva el amor perdido, como no hay remedio para la muerte. Tanto la muerte como el desamor pueden evitarse en ciertas ocasiones pero cuando llegan son inexorables, y por lo tanto, lo único que puede "reivindicar" su fatídica ruptura amorosa, son despliegues de amistad, compañerismo y tolerancia, pero nada más.

Esta es la mejor manera en que podrán sacarse la espinita de que "no supieron separarse adecuadamente" cuando terminaron su relación.

Así que... a guardar jarrones.

sábado 3 de julio de 2010

¡Qué pedo!


Tengo una suerte... que deja mucho que desear: en esta semana me he fumado literalmente tres flatulencias en tres distintos lugares, y estoy segura que en las tres ocasiones, dichos gases tóxicos provenían del trasero de hombres. ¿Cómo lo sé? Fácil. Eran los que estaban sentados más cerca de mí en ese momento a mi alrededor, y todos tenían cara de "yo no fui".

Nosotras también nos echamos -y créanme no huelen precisamente a rosas- pero una "dama" nunca haría algo tan soez como tirarse un pedo en el metro, en un auditorio cerrado y en la iglesia -sí, ya me tocó fumarme uno en la iglesia-. Es preferible para nosotras, reabsorber las flatulencias en el flujo sanguíneo antes si quiera de que una molécula gas salga por nuestro hermoso trasero.

¿Qué los hombres no pueden aguantarse un poco antes de echarse un pedo? Eso es lo que siempre me preguntaba, hasta que estaba leyendo el libro de "Cómo cambiar a un hombre" de Bruce Cameron -en el cual he aprendido de todo, menos como cambiar a un hombre-, y en el que describía lo que le ocurre a los hombres cuando acumulan demasiados gases intestinales, lo cual es mas o menos así:

INTESTINO:
¡Señor! Permiso para hablar, señor.

CEREBRO:
Adelante, Intestino.

INTESTINO:
Señor, es el informe de daños de los tacos de suadero y frijoles charros que fueron digeridos hace dieciocho horas. No podemos aguantar, repito, no podemos aguantar. Solicito expulsión de emergencia.

CEREBRO:
Expulsión denegada: estamos en la iglesia.

INTESTINO:
Señor, nos han llegado los alimentos, estamos llenos hasta el límite. Va a soltar ráfaga, capitán.

CEREBRO:
¡Espere, Intestino, espere! Solo nos faltan 15 minutos para terminar. ¡Llamando a nalgas!

NALGAS:
¡Aquí estamos, señor!

CEREBRO:
Tenemos problemas con los tacos de suadero y frijoles charros de anohce, se dirigen hacia allá. ¿En qué estado se encuentran?

NALGAS:
Estamos en estado magnífico, duras como una roca, señor.

CEREBRO:
Buenas chicas. Espero que continúen así.

INTESTINO:
Capitán, tenemos dolor por gases en los sectores dos, tres y cinco, señor.

CEREBRO:
¡Maldición Intestino!

NALGAS:
¡Capitán, señor! Todas las válvulas superiores han debido fallar, el nivel de presión está superando los niveles de tolerancia, señor, hasta nuestro exquisito equipamento muscular es incapaz de manejar esta carga. Me temo que vamos a perderlo, señor.

CEREBRO:
¡Maldición! Nalgas, ventilad, pero hacedlo de manera controlada. No quiero oír ningún ruido, si podemos evitarlo. Conciencia, quiero un informe de responsabilidad encima de mi mesa en cinco minutos. Veremos si podemos salvar la situación.

CEREBRO:
(Pensando: ¡Ya me gustaría ver a una mujer manejando una situación así!)

En fin, esta pequeña interacción cerebro-intestino-nalgas que ocurre en los hombres, TAMBIÉN ocurre en las mujeres, pero quizá la diferencia entre hombres y mujeres, radique en que nuestras nalgas SÍ están completamente duras como rocas; o comemos menos tacos de suadero y frijoles charros que ustedes, y por lo tanto las consecuencias son menos catastróficas.

Por otra parte, les aconsejo a los hombres que suelen liberar flatulencias a cada rato, que tengan en cuenta que como las mujeres somos buenas fingiendo - en todos los sentidos-, puede pasar que cuando empieza a oler mal, alguna de ellas en vez de aceptar que se "echó uno" busque al hombre más próximo y le eche la culpa -Aclaro. Esto nunca me ha pasado a mí. Sólo a la prima de una amiga.- Entonces, les va a pasar como en el cuento de "Pedro y el Lobo", y por más que lo nieguen, nadie les creerá lo contrario.

Así que, aunque no los justifico aún, creo que ahora comprendo un poco más el por qué los hombres se tiran pedos en lugares públicos. Y bueno, me conformo con que cuando me toque estar "con alguno que se eche uno", tenga la suerte de que no me encuentre en algún lugar cerrado, y que dicho flato no sea ruidoso, ni oloroso. Aunque pensándolo bien: ¡LOS SILENCIOSOS SON LOS PEORES!

Que Dios tenga piedad de mí la próxima vez.