martes 14 de septiembre de 2010

Lo que me enseñó el Primer Amor


Creo que si tengo que culpar a alguien de los patrones de comportamiento que llevo a cabo en mis actuales relaciones, de los niveles de tolerancia que alcanzo con los hombres, los pensamientos que tengo acerca del noviazgo, y las conductas que llevo a cabo para socializar con el sexo opuesto: debo culpar a mi primer amor.

Todas hemos tenido un primer amor, pero la verdad, no me había puesto a pensar en lo marcada que me dejó esa primera relación, hasta que empecé a leer el libro "Los Caballeros las prefieren Brutas" de Isabella Santo Domingo.

El primer amor es ese primer romance que tenemos en nuestra adolescencia, es decir, el primer hombre en el que nos fijamos a pesar de que tenía granos en la cara, le apestaban las axilas, sudaba como puerco y tenía ginecomastia. Es ese adolescente irresponsable que nos seduce, nos enamora, nos conquista y nos hace sentir mariposas en el estómago cuando nos jura amor eterno.

Es ese amor tierno y cursi, que te cargaba los libros a la salida del colegio. Con el que tenías largas llamadas telefónicas en la madrugada encerrada en el baño para que no oyeran las cursilerías que le decías. El que incluía idas al cine, palomitas y besos robados cuando todo estaba a obscuras. Al que le escribías largas cartas de amor, y del que recibías tarjetas el día de SanValentín. Con el que te tomaste una foto instantánea en la feria del pueblo, y la conservabas de llavero. Con el que fuiste pareja de baile en las Quinceañeras de todas tus amigas. Ese amor con el que dibujaste miles de corazoncitos en tu cuaderno con su nombre y el tuyo -mientras tu usabas el apellido de casada de él-, y con el que soñaste que estarías para siempre.

Y es ese primer amor, el mismo que nos parte el corazón por primera vez, cuando nos traiciona y descubrimos que el amor eterno dura sólo lo que dura la secundaria.

Yo no sé por qué -quizá fue culpa de las hormonas-, pero en la secundaria no pude evitar lanzarme directamente a los brazos del que era considerado el peor de todo el grupo: el relajiento, el grosero, al que siempre reportaba la prefecta y el que reprobaba todas las materias en ordinarios. Nunca me interesó el que era el más listo del salón -y que terminó siendo un gran ingeniero, y heredó el negocio de su padre-, ni siquiera porque un 14 de febrero me dio chocolates y un osito dentro de un globo. No. No fue así. Terminé enamorándome del patán. El que ya había andado de novio con la mitad de las niñas de mi salón (el grupo "A") y casi todas las niñas del grupo "B". Al que todo le salía mal, pero como no se rendía y siempre le "echaba más ganas", me inspiraba una gran ternura. El pachanguero, el que hablaba como merolíco, el "payaso" del salón, que cada que contaba un chiste se me hacía "super chistoso", y me hacía reír a carcajadas.

¡Que poco selectiva fui! Como quien dice: me conformé con "el payaso". Pero es que a esa edad, no usas mucho la razón para decidir a quién le entregas el corazón. Y es que como dice Isabella en su libro, ¿Para qué ser selectiva, si "él me prometió que me amará toda la vida"?. Y es así es como empezamos a creer las promesas del primer patán que se nos pase por enfrente, y terminamos sufriendo por el primer amor cuando nos manda a la fregada por que se enamoró de una amiga nuestra. Llorando en el teléfono a moco tendido mientras le platicas a tu mejor amiga como te han roto el corazón. Jurando que no te volverás a enamorar jamás, y maldiciendo el momento en que lo conociste y te hizo tan desdichada durante tu corta existencia. Gritándole a tu mamá que toca la puerta de tu cuarto, "¡Déjame! ¡Quiero estar sola!" por qué estás "deprimida".

Ahí es cuando compruebas que los chocolates son mejores para aminorar las penas, que el pan; y como recalca Isabella: "El chocolate, aunque no quita la tristeza, por lo menos sí está comprobado que nos mantiene la boca ocupada para no embarrarla y llamarlo otra vez a rogarle al mismo perdedor que ni por lástima quiere volver con una".

Pero aún así, el primer amor, muy a pesar de que nos haya tratado mal, nos haya engañado con nuestra mejor amiga o haya traicionado nuestra confianza en diversas ocasiones, siempre lo vamos a recordar con nostalgia. ¿Por qué? Por qué esa irresponsable relación adolescente llena de ilusión, nos enseña que nada es para siempre. Que no importa si entregas tu corazón en "charola de plata", o si haces un "gran sacrificio de amor" al revelarte contra tu madre que te prohibió verlo, o si cedes a sus "pretensiones sexuales exploratorias" torpes y primerizas: al final como quiera te pueden dejar por alguien más. Nos enseña que de la ilusión a la desilusión hay sólo un paso, y a partir de ahí -después de haber sido desilusionada- aprendes que en las relaciones no todo es miel sobre hojuelas, si no que hay un lado oscuro como son los celos, la represión, la obsesión y la sed de venganza.

Hasta ahorita, después de tantos años, me ha caído el "veinte" de todo esto, y he reflexionado que aunque mi primer amor resultó ser un experimento fallido (con alguien que tenía muy buenos brazos y muy malas mañas, y que me hizo tan feliz como infeliz), no debo cargar con el peso negativo de ello, sino que debo rescatar que fue una relación de la que aprendí más cosas de las que hubiera imaginado, y que quizá por eso AHORA trato de no entregar mi corazón al primer malandrín que se me cruce en el camino, razono más mis decisiones, trato de no enredarme con patanes, y no me he convertido en una loca posesiva e histérica cuando me entero que la persona que me bajaba "el sol, la luna y las estrellas", ahora le baja los calzones a quién sabe quién. Pero quizá una de las lecciones mejor aprendidas de mi relación fallida con mi primer amor, es que ya no me conformaré con el "payaso del circo"... ahora ando en busca del "dueño del circo"... ¡jajaja! ¿¡Así o más selectiva!???

lunes 13 de septiembre de 2010

Mi mamá está loca... si no juzguen ustedes.

Llegando a un restaurante italiano...

meseropipirisnice: ¿Qué van a ordenar, ya decidieron?
mipapá: Yo quiero Spaguetti frutti di mare.
mihermana: Yo, Lasagna a la Bolognesa.
mimamá: ¡Yo quiero Penne a la Putanesca!
mipapá: ¿Estás segura? ¿Por qué no pides el Spaguetti Alfredo que tanto te gusta?
mimamá: ¡Ash! Déjame pedir Penne a la Putanesca. Estoy harta de pedir siempre lo mismo.
meseropipirisnice: OK. Enseguida les traigo su orden.

Traen los platillos a cada quien, y a los 10 minutos...

mimamá: ¡Ay no me gustó el platillo! Ya no quiero... :(
mipapá: Te dije que si estabas segura de pedir eso... ¡Assssh! ¬¬
mihermana: ¡Ay mamá!... Bueno, yo te doy de mi platillo, y tu dame del tuyo.
mimamá: ¡Siií! :D

Intercambian los platillos, y mi hermana prueba el plato de mi mamá y...

mihermana: ¡No manchen! ¡Esto está bien duro! ¡Con razón no te gustó mamá!
mimamá: ¡OBVIO QUE ESTÁ DURO mi'jita! ¡ES PENNE! Y EL PENE SIEMPRE ESTÁ DURO.
mihermana: O_o
mipapá: O_O
mimamá: XD

*fin de la escena*


Una vez estábamos en la cocina platicando mi hermana, mi mamá y yo...

mihermana: ¿Qué creen? ¡Adivinen quién se va a casar!
yo:
¿Quiéeeen?
mihermana: ¡No lo vas a creer!... ¡¡¡Se va a casar Karla!!!
yo: ¿¡A poco!? ¡No sabía!
mihermana: ¡Sí! Pero lo que no saben, es que ¡ya va panzona!
yo: ¿Neto está embarazada? Con razón se me hacía raro que se casara tan rápido... además está bien mocosa pa' casarse... en fin.
mimamá: Ay mi'jas, hablando de esto, quiero decirles algo muy importante a las dos...
mihermana y yo: ¿¡Qué cosa!?

Mi mamá toma aire, se voltea a vernos fijamente a los ojos, alza el dedo índice de la mano derecha y mientras lo agita en el aire nos dice...

mimamá: QUIERO DECIRLES A LAS DOS, ¡QUE EN ESTA CASA HAY UN ORDEN...!
yo: ¿Orden? ¿Te refieres a que primero nos casemos, y luego nos embaracemos... verdad?
mimamá: ¿Eso? ¡Eso es lo de menos!... Aquí lo importante es que primero salgas TÚ, y LUEGO TU HERMANA. Nada de que la menor se case antes que la mayor, ¿¿¡¡OK!!?? ¿Entendieron las dos?
mihermana: O_O
yo: O_O
mimamá: XD

*fin de la escena*


Me habla mi mamá al celular, mientras yo andaba en la calle...

(Riiiing, Riiiiiing, Riiiiiiiing)
yo: ¿Bueno?
mimamáencabronada: ¡Melissa! ¡Quiero usar la méndiga laptop, y tu papá le puso contraseña chingao! ¡Ya le hablé a su celular para que me la dijera, y no me contesta! ¿¡Cuál es la pinche contraseña!??? ¡Ya intenté varias, y no es ninguna! ¿Por qué fregaos le ponen contraseña tú y tu papá a las laptops? ¿No quieren que las use o qué?
yo: A ver mamá, antes que nada... ¿En qué laptop estás? ¿En LA MÍA o en LA DE ÉL?

Mi mamá después de un silencio pequeño me dice...

mimamáencabronada: ¿¡CÓMO QUÉ EN CUAL LAPTOP ESTOY!!??? ¡Es obvio en cuál! Es más aquí mismo estoy leyendo, y la laptop dice que es: "D-E-L-L".
Yo: O_O
mimamá: XD

*fin de la escena*