jueves 31 de marzo de 2011

No sé ni por dónde empezar.

Si tienen tiempo siguiendo mi blog, sabrán que muchas de mis amistades nuevas en los últimos dos años han sido gracias a Twitter. Y bueno, entre muchas de esas amistades que han sido de lo mejor, conocí a Emmanuel Herrera. Para ser específicos, a él o conocí en una fiesta de twitteros que hice en mi casa el año pasado. El llegó con esa alegría que lo caracterizaba, para ser el alma de la fiesta. Cantamos, bailamos, comimos, platicamos. ¡Me cayó con madres! Recuerdo que incluso ese día sobraron muchas cervezas, muy amablemente me decía que me las quedara yo, porque yo era la “anfitriona” de la fiesta, pero como yo ni tomo, le pedí que se las llevara y accedió a llevárselas t-o-d-a-s en una cubeta de mi mamá que usó como hielera, y desde ese momento, siempre que me veía me decía con una cara de apenado: “¡Luego te llevo la cubeta de tu mamá!” y nos echábamos la carcajada, porque al final de cuentas, los dos sabíamos que eso nunca sucedería.

Luego nos volvimos a ver en mi casa en la “Twittposada” que organicé, y posteriormente fue de los pocos de mis amigos, que me acompañaron en la fiesta de disfraces de mi hermana. Luego justo antes de venirme al D.F. me invitó a su fiesta de cumpleaños en su casa, con su familia, y demás amigos; ¡y la fiesta estuvo con madres! Me la pasé taaan bien ese día. Recuerdo que su familia fue su-per-a-ma-ble conmigo -¡y con mi hermana y mi novio!-. Pasamos una noche estupenda esa vez. Jugamos Wii, bailamos, comimos tacos y pastel… y esa fue la última vez que lo vi.

El día de ayer me enteré que Emmanuel había sido asesinado.

Primero me quedé en shock. No lo podía creer. Lo único que quería era conectarme al Twitter para escribirle un tuit a Emmanuel diciéndole: “¡Por favor, dime que son puras mentiras esas jaladas que andan diciendo por ahí, de que estas muerto!” Pero lamentablemente, tan pronto me conecté al Twitter, y chequé mi Facebook, vi que yo tenía varias menciones donde mis amigos me reportaban que la información al respecto era cierta: Emmanuel había muerto.

Me enojé con la vida. Luego lloré de impotencia. Realmente me dolió mucho la noticia. Pensar que ya no estaba entre nosotros me revolvía el alma. Nunca conoceré a alguien como él. Emmanuel era único.

Yo no sé cómo fue que murió Emmanuel, pero puedo decirles como vivió. Él fue una persona excepcional, de esas que son el alma de la fiesta, amable y sencillo, con una sonrisa que contagia. Era buen amigo, buen hermano, buen hijo, supertrabajador y divertido. Él te hacía reír al primer descuido, se ofrecía a ayudarte a la más mínima provocación y era esplendido con los demás. Era dadivoso, vivía la vida plenamente y no dejaba que NADA lo limitara. Absolutamente NADA.

Quisiera pensar que si Emmanuel ya no está aquí entre nosotros, es porque cuando Dios ve que hay personas como él que son tan espectaculares, prefiere llevárselas para que le hagan compañía. No sé qué otra explicación pensar. Me duele demasiado. De hecho justo en este momento, lloro mientras escribo. Solo espero que en algún momento lo pueda volver abrazar, aunque sea allá en el cielo. Siempre lo voy a recordar, y lo llevaré en mi corazón, porque personas como él jamás se olvidan.

Emmanuel… te veo en el cielo.

Descanse en paz, Emmanuel Herrera.


sábado 19 de marzo de 2011

Lo que me mantiene ocupada.

Sí. Ya estoy en la residencia médica. Estoy haciendo el 1er año de la especialidad de Medicina Interna. Y esto es muuucho más pesado de lo que pensé. No tengo tiempo de comer. No tengo tiempo ni de ir al baño a *disculpen el término* cagar. ¡Mucho menos tengo tiempo de tuitear o bloguear! ¡Ash! Pero aún así, aquí me tienen hoy -que estoy de preguardia- tratando de ordenar mis ideas para poder desahogarme de todo lo que me ha mantenido ocupada en este mes: La residencia de Medicina Interna.

¿Quieren saber como me ha ido en estos 15 días? Pues les dejo la versión resumida:

Dia 1: Se me rompieron los zapatos com-ple-ta-men-te. Y es que sólo a mí se me ocurre llevarme los mismos zapatos médicos que usé en el internado. ¡Tuve que salir del hospital descalza para poder tomar un taxi que me llevara a casa!.

Día 2: Se me olvidaba lo mucho que odiaba usar pantalones blancos: siempre se me transparentan los calzones. ¡Ash! Consideraré el Plan B: usar tangas.

Día 3: Mi primera guardia, y no dormí na-di-ta. Y el colmo de eso es que todos los días entro a las 5:30 am... eso no es de Dios.

Día 4: Ya conocí a mis compañeros residentes. Todos usan lentes, y tienen cara de muuuy inteligentes. ¿Mi plan? Tendré que usar lentes, para parecer muuuy inteligente.

Día 5: Me dejaron poner un Catéter Venoso Central por primera vez. ¿La paciente? Era una señora de 94 años con escoliosis. ¿El resultado? ¡El pinche catéter se enrolló, no podía sacar la guía y la solución no pasaba! Tuve que sacarle una radiografía, y sacarlo un poco pa componer mi error. Dicen que echando a perder se aprende, pero ¡shit! no es bueno andar echando a perder pacientes.

Día 6: Menstruación + Pantalones Blancos + Guardia = Amanecer en tu propia alberca de sangre. Al fin que ni me gustaban esos pantalones.

Día 7: Definitivamente después de 36 horas de estar encerrada en el hospital porque estuve de guardia, tengo el apetito aumentado, muchísimo sueño y la líbido a todo lo que dá. ¿Dónde está mi novio cuando lo necesito? Plan B: ir a una Sex Shop.

Día 8: Tengo un doctor adscrito, buenísimo. Es como el Dr. House pero Región 4, y sin el bastón.

Día 9: Olvidaba lo horrible que es la comida de hospital. Hiposódica, hipocalórica, hi-poquita.

Día 10: ¡Qué dieta ni que nada! Tanto tiempo engañada pagándole a nutriólogos, cuando el método efectivo para bajar de peso es ser R1 de Medicina Interna.

Día 11: Que deportes extremos, ni que ocho cuartos, tómenle una muestra de sangre a un paciente VIH positivo... eso es más emocionante que irse a acostar sin condón, con una prostituta de Tlalpan.

Día 12: Nunca se confíen de un paciente nefrópata. Les preguntas: "¿Cómo se siente usted?" Y te dicen: "Yo me siento muy bien doctora, no sé ni por qué estoy aquí". Y en menos de 2 horas, ya te anda, porque necesitan ser intubados. Fuck.

Día 13: Hay una residente que salió embarazada. Lo que me asombra, no es el hecho de que salió embarazada, sino que aún tenga vida sexual activa después de entrar a la residencia. ¡Imposible!

Día 14: Cómo extrañaba esa sensación de desprendimiento de piel subungueal por el uso indiscriminado de la máquina de escribir para hacer notas de evolución.

Día 15: Fé es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y aplica en todo excepto cuando le preguntas a tu interno, si dejó la solicitud de laboratorio hecha del paciente que le pediste, sin verificarlo después.

En fin... Dicen que esto de entrar a la residencia, es como bailar: al principio cuesta agarrarle el ritmo, pero luego te adaptas...¡Lo que nadie me dijo ¡es que sería una mentada quebradita combinada con pasito Duranguense! Espero adaptarme pronto, porque aún me cuesta. No es fácil quedarte sin dormir cada 3er día.

Por el momento es todo, pero espero volver cuando vuelva a tener tiempo de escribir en el blog. ¿Cuándo será eso? Eso ni yo lo sé...

Hasta pronto...